"Para aquellos que caminaron juntos, las huellas nunca se borran". Proverbio africano.

jueves, 31 de diciembre de 2020

Embarcando en el 2021

 


Mientras me como un polvorón (el primero de estas fiestas) como le gustaba a mi padre, apretujado y compacto, saboreo el artículo de Ana Bernal-Triviño “Los abrazos”, publicado hoy en el diario Público. Ha sido un regalo de otra Ana, amiga del alma. No soy la única que hoy lo ha leído con lágrimas en los ojos y con el corazón lleno de agradecimiento. Leedlo. Es lo mejor que se ha escrito respecto a algo fundamental que tanto hemos echado en falta este año: el gesto más humano de entre los gestos.
La mirada se me va hacia la estantería, por encima de la pantalla del ordenador, y me vuelvo a ensimismar en las dos fotos que me acompañan desde la primavera. Una de mi padre solo, con camisa isleña –de sus últimas vacaciones- luciendo una sonrisa contagiosa, y la otra de los dos, en la que lo abrazo por la espalda y él se aferra a mis manos a la altura del cuello; anclados en ese instante de amor eterno. La instantánea tiene más de veinticinco años, pero conservo el jersey que él llevaba puesto entonces y también, la cazadora de punto gris que me abrigaba a mí, en aquel día de actividad “baulera” que organizamos en el patio de mi colegio.
Hoy pensaba dedicarle un silencioso homenaje -él y yo solos- comiéndome este polvorón y recordando cómo disfrutaba con este bocado tradicional, prometiéndole que voy a comerme también las doce uvas, sin fallar, como cada año habíamos hecho. Pero cuando he leído el regalo de Ana, escrito por la maravillosa Ana Bernal-Triviño, me ha venido inmediatamente a la cabeza otra Ana: mi madre. Y luego, también, la doctora Ana que estuvo junto a mi padre antes de irse. Cuatro Anas -número que ha estado extrañamente presente en mi vida este año- por las que siento admiración y agradecimiento. Especialmente ella: mi madre. La persona que más me ha asombrado este año, sin lugar a dudas, por su coraje, y la que más me ha ayudado.
Así que me animo a compartir esta reflexión de agradecimiento por algunas de las cosas que he aprendido este año, aunque haya sido a fuerza de yerra: el poder de un sencillo mantra o una meditación, pero también el momento de reconocer y aceptar su caducidad; la intensidad de los anclajes (tengo que aceptar los dolorosos y construir otros que me traigan alegría);  el arduo trabajo de la espeleología íntima, reconociendo los extravíos, las incertidumbres o las certezas que se pierden a la vuelta de la esquina y que luego regresan; las fuentes fundamentales que nutren y consuelan de manera distinta a cada persona… Y desde luego sobre la piedad hacia una misma; la necesidad de ser honesta y auténtica, aunque duela.
El aprendizaje no ha acabado, ni mucho menos. Seguro estáis experimentando también vuestro propio tsunami emocional tras este duro año, así que para este 2021 quiero desearos un saludable y enriquecedor viaje, con un oleaje muchísimo más suave y manejable.

sábado, 31 de octubre de 2020

El Faro de las horas


La torre roja emitía un aviso cada vez que se apagaba una vida. Un solo haz de luz que barría el mar y duraba exactamente ocho segundos. Lo mismo de día, que de noche. El resplandor recorría el horizonte, de este a oeste, ya fuera cegado por el sol o rasgando la penumbra, en un viaje luminoso.

La misión de la anciana en aquel territorio infinito, era simple: consultar la hora que el faro se encendía y anotarla en una especie de cuaderno de bitácora -las 22:47 h, por ejemplo- junto al nombre y una breve dedicatoria; in memoriam.

Normalmente no tenía mucho trabajo. Los destellos guardaban la distancia suficiente para rendir homenaje a cada difunto, entre la luz y la oscuridad. Le daban espacio para repasar el testimonio de vida que dejaban sus seres queridos y extraer la frase adecuada.

Normalmente la familia, las amistades o la comunidad, solían preocuparse de elegir bien las palabras, para que sonaran auténticas en cada ceremonia de despedida: «eras la quinta esencia de la hora del café», «estrujabas los polvorones con la misma determinación que te comías la vida», «regalabas póker de corazones y nunca escondías ases en la manga», «extrañaremos tu risa, como el agua fresca de un cántaro de barro en días de verano»… 

Todas aquellas frases únicas, generosas y agradecidas ascendían hasta el Faro de las horas, envueltas en aroma de incienso, comida y flores, notas musicales, lágrimas y exclamaciones de aliento. A veces, mezcladas con llanto y consternación. La mayoría, macerando más o menos resignación. Casi siempre, entre abrazos de consuelo.

Pero el largo silencio llegó de manera brusca y repentina, como un temporal de nieve en abril. Fue el día que aumentó la frecuencia de rayos de luz; eran tantos los avisos que el Faro de las horas encadenaba las idas y venidas sin descanso, entre fulgor y fulgor.

Los adioses apenas dejaban espacio en el minutero. Las letras de los mensajes ya no narraban historias, sino que contaban cifras. Atónita pero solícita, la anciana las empezó a anotar en el cuaderno: únicamente la asignación de un número, sin nombre, ni epitafio.

Aquella avalancha de cifras coincidió con semanas de violento oleaje. El Faro de las horas seguía emitiendo ráfagas de alerta consecutivas y las luces de emergencia no daban lugar al rescate de las despedidas. Las olas bañaban el faro, en medio de una tormenta digna de  Turner, bajo un cielo de eterno luto que apenas filtraba el resplandor de la linterna roja.

No era la primera vez que la anciana soportaba los embates de aquellas ráfagas descontroladas. La guerra, la hambruna, los desastres naturales, las epidemias… habían dejado ya en épocas no muy remotas, terribles antecedentes.

Un día, cuando la cifra se hizo de nuevo espeluznante, aparcó el cuaderno y entonó su oración: «madre nuestra que estás en el mar, diosa Gaia que estás en la tierra, padre nuestro que estás en el cielo; santificados sean los nombres, hágase la voluntad del amor en cada ser, así en la luz como en la oscuridad; amasemos el pan del hogar, dándole valor; sintámonos deudores, no solo por los que ya no pueden gozar de la vida, sino para honrar la casa humana; caminemos con respeto por los senderos de Gaia y el reino animal, sin dejar más huella que la de nuestros pies descalzos; librémonos del mal de la avaricia, la discriminación y el patriarcado, y alegrémonos de ser llama espiritual y semilla que renace».

Y así, estuvo repitiéndola como un mantra, en el Faro de las horas, sin anotar las cifras, porque no dejaban testimonio de lo que era valioso, pero adivinando que el rumor que ascendía entre el oleaje era el de miles de palabras ahogadas en un sentido homenaje.

 

 

domingo, 4 de octubre de 2020

Rizando el rizo

 



Sobre mi escritorio hay una linterna roja que aguarda. Me mira con su único ojo, a la espera de que le encomiende una misión. En medio de este mar de otoño recién estrenado, parece un faro apagado, pero ya ha hecho de guía antes, así que no hay de qué preocuparse.

La navegación interna solo requiere brújula. Es interesante, comparada con otras más concurridas a las que exponerse. En las profundidades hay hermosos bosques, altas cumbres, extensas llanuras... Todo un paisaje por explorar y donde hallar auténticas maravillas y sorpresas.

No hay peligro de abismos. Si los adviertes a tiempo y no resultan demasiado atractivos, no corres más riesgo que el de seguir haciéndote preguntas, tomar nota y dar media vuelta para buscar tierra firme cuando te acercas a ellos. Con mayor o menor arrojo, depende del día, incluso descubres que puedes nadar a contra corriente. 

A veces el “centro” -como lo describe Zambrano- se agita ante la belleza de una familia de delfines acrobáticos o una bandada de aves que surcan el cielo proyectando siluetas de victoria con las alas desplegadas. Vuelo de nostalgia. 

Pero no se puede aprender a cabalgar las olas sin antes caerse de la tabla. 

Yo he descubierto que los rizos pueden ser aliados para el equilibrio. Resulta que atesoran (en círculos) sabiduría, poder, esperanzas y anhelos. Se hermanan con el oleaje y son ondas transmisoras de un conocimiento muy antiguo, maternal y acuático. Cada una lee lo que le funciona, claro. 

En fin, puede que hoy solo esté rizando el rizo, pero os recomiendo prestar atención a lo que es importante, aunque a veces lo urgente no nos deje el tiempo necesario para hacerlo, como decía el gran Quino. 

Así que vamos a seguir alerta y dándole espacio.

viernes, 25 de septiembre de 2020

Lo que nos trae el viento


El viento nos ha acercado una mano amiga inesperada, aunque siempre esté ahí tras la ventana. La rama iba y venía, azotada por las fuertes rachas. Con dedos largos como garfios se ha agarrado a nuestra baranda y nos hemos saludado. 

Me ha hecho recordar a Ana de las Tejas Verdes (adaptada por Moira Walley-Beckett para una serie de televisión) siempre tan atenta a las señales y escuchando a su intuición. La naturaleza nos abraza y nos escucha. Busca un ancla para amarrarse y contarnos las historias que necesitamos.

martes, 31 de marzo de 2020

Camino sobre la mar

Todo pasará. Todo quedará atrás. Nada que no hayamos leído en versos memorables aferrados al presente.

Al final haremos balance de estos días con esa determinación que marcan algunos episodios vitales. ¿Y eso cuándo fue, antes o después de la pandemia...? Pero hay tantas historias sin contar durante... Porque el durante es muy vivo en situaciones de emergencia y se puede hacer eterno en la enfermedad. Se desmarcan las manecillas en los relojes.

El "durante" de este tiempo que nos toca vivir, es un aprendizaje a marchas forzadas ante la adversidad. Es el miedo que asalta los hogares de las personas que enferman o las que temen quedarse sin trabajo y sustento; es la impotencia de quienes están lejos y también de los que están cerca; la contradicción interna en el ir y venir del trabajo, cuando el lema reza #quedatencasa; la desorientación ante un aluvión diario de noticias que no logramos digerir, discursos en los que casi nos hemos hecho expertas, cifras que no alcanzan al relato personal, ni el esfuerzo titánico de tantas manos...

Y sin embargo el "durante" es también el valor y la fuerza con la que somos capaces de responder ante toda esa incertidumbre. El durante son las clases impartidas de manera particular y privada por tantas personas que ofrecen ayuda: cocinan para otras, llevan la compra, hacen una llamada, abren consulta gratuita, inventan utensilios vitales con impresoras 3D o con manos artesanas, entrenan la fortaleza en cuerpo y alma...

Y además, nos salva también el humor -al margen de los infinitos memes- de las anécdotas cotidianas que de repente, brillan en medio del caos.

El durante, como hizo eterno Machado, es la incertidumbre que recorremos cuando no vemos trazado el camino, cuando la vida se estrecha y se ensancha en el ahora, en el hoy. "Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar, seguir haciendo camino, camino sobre la mar".


Me acuerdo mucho estos días también de María Zambrano, con ganas de retomar proyecto monográfico pendiente inspirado en la Teoría de Gaia. Una cosa llevó a la otra... Quedan pendientes los detalles para otro día. Rescato una cita atesorada de Zambrano: "La Tierra lo arregla todo, lo distribuye todo. Bueno, quiero decir estas cosas, si la dejan. Pero no la dejan, no. No la dejan nunca ellos, los que mandan. ¿La dejarán alguna vez que haga su trabajo en paz?".

Hasta aquí solo una opinión. A continuación, una cita para invitar a la reflexión sobre el tiempo de la filosofía (recomiendo artículo íntegro): "Son tiempos aciagos, pero, sin embargo, los más propios para ejercer toda la potencia del pensamiento. Jamás el papel de la filosofía fue más relevante ni más necesario. En esta quiebra del espacio público es justo cuando el pensamiento se abre paso, cuando se crea el hueco necesario para reflexionar, el paréntesis para desacelerar y comprobar que la vida, si no es meditada hasta sus mismísimos tuétanos, tampoco se experimenta (humanamente). Y lo que es más importante: si no hacemos filosofía, los que la hacemos, en tiempos revueltos, tampoco nos jugamos la vida en ella. Y la filosofía va de eso: de ex-ponerse, de sentir miedo y mirarle descaradamente a los ojos: no tras el desamparo, sino en el desamparo mismo, en la angustia que procura verse obligado a pensar."

https://elvuelodelalechuza.com/2020/03/29/por-que-filosofar-es-de-valientes-y-tras-la-filosofia-se-parapeta-tanto-cobarde/?fbclid=IwAR0ALCqU9ZnxCnNNlNqcZ5nngTubdzzN1ZNloVqhrTFflbP4oD-fjJFHLNw

sábado, 4 de enero de 2020

Ecología de la Navidad

Ante el desbordamiento de mensajes deseándonos paz, alegría, prosperidad… la mayoría enlatados en vídeos musicales –buena definición de un amigo-, este año no he puesto empeño en la felicitación colectiva, en los días señalados. Ahora que ha pasado el mayor ruido, me apetece compartir algo personal, aunque suene a conserva, porque hace días que lo escribí.

Para mí, Navidad son esas amigas que todavía hacen postales a mano para felicitarnos las fiestas; excusa perfecta para vernos y desayunar juntas, aunque sea una vez al año.

Compartir una cerveza (o dos) con un amigo entrañable, que oculta el súper poder de la amistad auténtica y tiene orejas de Dumbo expertas en escuchar, incluso el silencio. No importa si es 24 de diciembre o si quedamos el 7 de enero.

Es la familia en un chat exclusivo de los cinco, a la hora de la comida, con prisas, pero con risas alucinógenas –¡aunque las setas sean trompetas!- brindándonos ayuda para los últimos preparativos de una cena que convoca una abuela de 99 años, un prisma de aristas y caras suaves. Luces y sombras vitales que cada día abrazamos sin saber si será por última vez.

Navidad es dar gracias por el encuentro de una comunidad (en mi caso la de Sant Maure) que sigue guardando unos minutos de silencio antes de la cena de Nochebuena para darse un abrazo sin pantallas (de calor y besos). Este año, me encantó la lectura, en especial la parte que se dedicaba a analizar el valor del tiempo de silencio individual y de introspección.

Navidad es nacimiento y es anuncio. Pero sobre todo sigue siendo denuncia. Es el parto de una mujer que empuja históricamente en todas las causas, con vocación humanitaria, para señalar y combatir la discriminación, cada vez más de las mujeres, porque colectivamente hemos sido ninguneadas y maltratadas en la larga historia de abusos humanos, por parte del poder (al que adjetivamos “patriarcal” por todo lo que representa al ostentar los privilegios).

Navidad es el ejemplo de las personas cuidadoras que pasan parte de su vida acompañando a otras, ofreciendo su cariño y forjando vínculos con aquellas que están en vulnerabilidad por motivos diversos. No siempre son las más pobres económicamente, sino las más frágiles y de todas las edades, que carecen de protección, familia, trabajo, salud…

Navidad es pedir disculpas por no estar más presente, aunque la cantidad no resta valor a la calidad del tiempo que elegimos compartir.

Seguro que en la lista de lo que es Navidad podríamos añadir muchos instantes que atesoramos a lo largo de un año y que no se pueden envolver en papel de regalo. Un encuentro, un abrazo, una conversación, un paisaje… Me podrías decir que a veces se trata de un libro esperado. ¡Siempre hay excepciones! Aunque es mayor la emoción de una dedicatoria de mi sobrino Oriol (14 años ya…) haciendo de amigo invisible: “Mai deixis d’escriure, sempre sigues la mateixa, gaudeix de la vida. T’estimo”.


Sí, esta Navidad ha sido más que otras, emoción honda, silencio y recogimiento. Sentir la tristeza, porque la edad y la enfermedad de nuestros mayores avanza y nos trae sobresaltos o cambios (ley de vida), pero también la alegría de salvar obstáculos inesperados, de ver a los sobrinos madurar y a los más peques crecer ilusionados con los encuentros familiares, montando el árbol, cagando el Tió (el tronco más escatológico y mágico del mundo mundial); a Nèstor haciendo la crónica diaria de sus aventuras a la familia, entregando la carta a los pajes y ahora esperando con ilusión que lleguen los Reyes Magos (más sabios que poderosos).

Creo que de nosotros depende que vivan la esencia de lo que celebramos, así que Nèstor ha sido el primero en leer este mensaje.

Aquí lo dejo, porque me espera una nueva historia de ficción ¡y no quiero que tengáis que esperar cuatro años más! Gracias por la lectura. Por esta y por todas. Abrazos de mamut.

lunes, 16 de diciembre de 2019

Lana de mamut


 

<<Lo que cuenta es personal, pero cuando brilla -aunque solo sea en mi interior- constato que está hecho de un material inquebrantable al paso del tiempo, reflejo de vitrales que una banda sonora ha roto lanzada por una onda. Un destello capturado y cautivador, como el clic de una fotografía que narra sin palabras.

Y entonces me abandono a la corriente. Sucumbo al cántico de la nómada>>.
Lana de mamut.

lunes, 25 de noviembre de 2019

25N, sin más misterios

Si algo define a los misterios son esas piezas que no encajan. En lo cotidiano empiezan algunas veces con el encuentro de un pedacito de cerámica en el suelo de la habitación, una arandela en la cocina, una semilla pegada en el jersey, una hoja seca y minúscula debajo del teclado… y se van resolviendo en el descubrimiento de la casita de cerámica a la que le falta la chimenea, en el cajón que baila, en el pan de las mañanas, en las esquinas del poncho con el que te sientas a escribir y lo quieren atraer todo...

También están los misterios cotidianos insondables al paso de los días, que se hacen atractivos, porque nos reclaman en el tiempo. Una mariposa intacta y sin vida frente a tu puerta, tres hermanos que te cruzas a diario y que llevan colgado un cuento, un gemelo al que no has llegado a conocer pero al que presientes, un viaje en carretera que has vivido con plenitud sin pisar Argentina… Son material de ficción. Están respirando un relato.

Hoy 25N Día Internacional contra la violencia machista pensaba en María, la protagonista de Mamut Tumam, el primer cuento de Lana de mamut, y sobre todo en la esquirla misteriosa que advirtió en Luis cuando se conocieron y antes de que empezara la relación de maltrato.

Muchas veces ni siquiera nos damos cuenta de que no encajan las piezas, porque la violencia se normaliza, adquiere nuevas formas de control y no nos queda otra que seguir estando alerta y unidas en la lucha.

Así que hoy 25N hemos vuelto a salir a la calle, a encender una vela en memoria de aquellas a las que les arrebataron la vida, a exigir más recursos para combatir esta lacra y para seguir ganándole la partida al miedo. Sin más misterio.



miércoles, 20 de noviembre de 2019

Tres de tres


Dicen que el tres es número potente, absoluto, divino… Debe ser por eso que estoy un poco más nerviosa esta vez. Mi amiga 
Olga ha sido la que me ha recordado esta tarde que todo está a la vuelta del hilo de esta rueca que es la vida literaria y que se enreda con la realidad, así que seguramente las circunstancias se repiten porque piden relato.

El caso es que el miércoles que viene, 27 de noviembre –tomad nota para la invitación, por favor- ¡presento nuevo libro! A Raquel -que fue mecenas de El tiempo del negro- la espera se le ha hecho corta, me decía hoy, pero es lo que pasa cuando la vida se va tejiendo en telares entretenidos (con paseos o esprints cotidianos) que las semanas y los meses vuelan.

Sí, ¡llega el tercero! Llega "Lana de mamut". Bueno…, vamos a dejarlo en que está llegando, porque no sé muy bien en qué punto está hoy: quizás esperando turno en la imprenta, apretadito entre cajas o viajando en un camión. "El abrazo náufrago" llegó por la mañana, el mismo día de la presentación; "El tiempo del negro", mucho más arriesgado, se coló literalmente por la calle Argent hasta la galería Artèria en mitad de la presentación, y este… ¡Quién sabe cuándo y cómo nos sorprenderá!

Está visto que tengo que dejarme de medias tintas en mi relación con el mundo de la edición y formalizar una relación de confianza, porque con el primer libro cerré una editorial, con el segundo provoqué el quiebre de una imprenta... A la tercera va la vencida, así que voy a conjugar en presente el verbo confiar, porque el libro, físicamente, os lo aseguro es tan y tan bonito... ¡Lo vamos a querer exponer como un cuadro! Todo es mérito de Teresa Suau Fa que ha hecho una ilustración maravillosa. La vais a ver pronto. Creo que mañana puede ser buen día... Es 21 de noviembre. Dos más uno, tres.

“Escucha”, decían las mujeres del círculo. Reivindiquemos el oído, dicen las mujeres de "Mamut Tumam", el primer relato de "Lana de mamut" (es una recopilación de cuentos para adultos), así que voy a escuchar las señales, porque me llegan como una banda sonora.

El 27 a las siete (fácil recordarlo, eh) nos encontramos en la Biblioteca Central de Cal Font, en Igualada. Será un lujazo contar con Javi Fernández Mata de la revista Narranacion y con Ana Uroz, mi sparring literaria, en la presentación. Me encantaría que tú también me acompañaras.

Alicia Dominguez tú estás muy lejos, pero de no ser por ti no habría conocido a Autografia Editora y no estaría cumpliendo un sueño este mes de noviembre de 2019, así que ¡va por ti!

lunes, 8 de julio de 2019

La desembulladora

                                          Videorelat produït per Narranación

Quan una colla d'artistes et fan un regal com aquest, tens unes ganes terribles de compartir-lo. Vaig esperar la presentació i l'estrena. Fins i tot uns dies més, però avui després que ells ja hagin fet els honors, em toca a mi agrair-los aquesta perla. Entre tots vam donar llum novament al relat amb una naturalitat inesperada, ho confesso. Al llarg del matí, tot va fluir com si ens haguéssim embarcat en un bonic viatge creatiu amb l'única brúixola de la intuïció, rumb a l'illa de la Paulina. En Red Pèrill li va posar música en directe com qui no vol la cosa, amb una banda sonora digna del meu admirat Abel Korzeniowski! Com atrezzo vam tenir generosos fils de David Valls amb nusos d'ocells, oi Antoni DeFebrer Quina passada!  La casa de l'arbre de la Martina, lOlga Sala Sandiumenge i el Ricard Closa va ser la llar de la desembulladora amb la veu sensible d'una dolça Alicia Zamora López que no es va entortolligar! -i no era fàcil. Darrere de la càmera un altre professional: gràcies Jordi Solà per crear aquest videorelat tan bonic! I al Quim Garreta, el Marc González, la Teresa Suau Fa, el Javi Fernández Mata a aquesta colla inspiradora de Narranacion que tantes sorpreses ens estan regalant i ens han de regalar encara! Moltes gràcies, de tot cor.

viernes, 9 de noviembre de 2018

De tot cor

Tres contes encadenats. Calia deixar-los respirar una mica, però confio que si algú els llegeix ho entengui. 'De tot cor' per Càritas.


A la porta 
del supermercat, una dona demana almoina. Molts passen de llarg sense tan sols mirar-la, com si fos invisible.

A la Dolors no li agrada donar diners, a més és gran i la pensió és minsa. El que més té ara és temps i per això col·labora amb algunes entitats del barri. S’acosta a la dona (força jove) i la convida a esmorzar. És poca cosa, però a la noia li fa bé xerrar i explicar-li la seva història: està embarassada,  ja fa mesos que es va quedar sense feina i de moment no en troba.

Els fills de la Dolors li diuen sempre que vagi amb compte; que hi ha mala gent que s’aprofita de les persones ingènues. Però ella té bon instint i és observadora. Només li fan por algunes bèsties i determinades bestieses que sent cada dia; sobre els immigrants, per exemple.

La noia li dóna les gràcies per l’estona i per la xocolata que li ha regalat la Dolors, en forma de cor. A més li ha obert algunes portes on podria anar a demanar ajuda i fins i tot buscar una feina. No és fins al comiat que li pregunta com es diu.

-Si tinc una nena, li posaré el seu nom!

-Dona, tria un de més alegre…

-Lola és un nom prou fort i valent per a una dona.

La Dolors somriu. No havia pensat en aquella opció. Lola li agrada, sí. S’hi sent identificada. I descobreix que la noia també li acaba de fer un regal.  


lunes, 16 de julio de 2018

La desembulladora


El rellotge tocava les dues quan l’experta va aconseguir desfer el darrer nus de la cadeneta d’or. Era l’hora. Va sospirar amb un bri de tristesa i va cridar els clients.

-Ja està. Ja la poden venir a buscar quan vulguin.

Va notar la incredulitat a l’altra banda del telèfon. Hi estava acostumada, però no la deixava de sorprendre que la gent arribés fins aquella apartada illa per demanar-li ajuda amb els seus embolics, sense confiar trobar-hi solució. És clar que el motiu era l’excusa; el viatge, en canvi, el veritable remei per marxar alleugerits. I el d’aquella família era un cas d’estrès (relativament fàcil) que requeria descans i bons aliments.

Amb vuitanta anys, la Paulina havia desfet nusos estrets i d’una duresa increïble. També propis. Cintes de pèrdues, cabdells d’angoixes, fils de comiat… Un dels majors reptes, però el més gratificant, li va portar, precisament, un expert en nusos: un mariner.

Ai! L’estimat Robert… Com n’estava de capficat quan es va plantar al cobert amb aquella corda embullada. Duia de vestit la tempesta. En obrir la porta el va enxampar fitant l’horitzó, amenaçador com els núvols carregats de pluja que el vent empenyia cap a la platja. Fins i tot les paraules se li entortolligaven furioses barrejades de culpa i rancúnia.

Segueix a: http://www.narranacion.com/la-desembulladora/ 

miércoles, 23 de mayo de 2018

Hallazgos


Hay hallazgos que tras la sorpresa, despiertan infinitas preguntas y reflexiones. ¿Cómo es posible que no esté viva y siga intacta? Que no esté aquí y siga aquí... ¿Qué le habrá pasado? ¿Se le ha caído a alguien de entre las páginas de un libro? No. No creo que pudiera conservarse así... ¿Será cosa de la primavera...? Un golpe de brisa, la lluvia... ¿O un desgraciado accidente? Compasión.

Con pasión. ¿Por qué es tan hermosa y a la vez hiere la belleza? Recuerdo las palabras de Alicia en "El tiempo del negro" describiendo el vuelo de un diente de león geométricamente perfecto; suspendida en un instante eterno, junto a Gabriel y Ernesto, durante aquel viaje...

Esta naturaleza muerta también atraviesa el tiempo. Mi tiempo. Tu tiempo. Nos da alas para seguir creyendo en la magnífica pequeñez del arte, de la vida, del sueño, del ser y el estar; de la comunión con las pequeñas cosas. De las partículas del polvo cósmico. De eso que somos.

Tan simple y tan maravilloso. #hallazgos #mariposa #naturalezamuerta #naturalezaviva #alas #arte #literatura #pasión #vida #eltiempodelnegro #volar

martes, 27 de febrero de 2018

Una illa pròpia

NOTA: Amb motiu de la inauguració de la Biblioteca de l'Ins Pla de les Moreres.

Segurament a la majoria us sona el títol d'un llibre que ha servit d'inspiració a la meva xerrada avui: Una cambra pròpia. Per si no ho sabíeu, és el títol d'un dels assajos més importants i emblemàtics sobre el fet d'escriure i també sobre les limitacions que durant segles han patit les dones per accedir a l'educació i al coneixement, per la desigualtat de drets respecte a l'home.

La seva autora, Virgínia Woolf el va escriure i publicar l'any 1929 fruit de dues conferències que havia pronunciat l'any abans en les dues úniques escoles universitàries que acceptaven dones estudiants a Cambridge, a Anglaterra.

El que venia a dir amb això de la cambra pròpia és que tota persona que es vulgui dedicar a escriure ha de poder disposar d'un espai propi, i també recursos econòmics per no dependre de ningú.

Podríem dir sense equivocar-nos que no es tracta només d'un espai físic, sinó que s'està referint a la llibertat individual i a la independència.

Fent un joc de paraules us vinc a dir que la biblioteca pot ser un d'aquests espais (cambra) fonamentals en l'exercici de la llibertat. I a més a més, amb unes característiques molt prometedores per a la construcció d'un món millor: és com una illa.

Per què "Una illa pròpia" em podríeu preguntar?

M'agradaria que us aturéssiu un moment a buscar quina imatge, idea o sentiment associeu a la paraula "illa".


Potser us ve al cap l'aventura, un tresor, un descobriment... O la natura en estat encara verge, un paisatge, el mar immens... O potser un sentiment de soledat necessària, de retir, de calma...

Us he de confessar que això de l'ILLA fa dies que em persegueix també per inspiració d'una dona. En aquest cas una filòsofa espanyola del segle passat, María Zambrano a qui fa un any que he descobert, tot i que n'havia sentit a citar molt abans i s'ha convertit en font literària i influència en altres dimensions vitals.

Aquesta dona republicana i que es va veure obligada a exiliar-se després de la guerra civil, va reflexionar molt sobre la condició humana i sobre el feixisme. I la seva idea sobre l'illa està íntimament lligada a la seva vida i pensament.

"Una isla es para la imaginación de siempre una promesa" va escriure a una petita obra que es titula Isla de Puerto Rico. Nostalgia y esperanza de un mundo mejor. "Una promesa que se cumple y que es como un premio de una larga fatiga. Los continentes parecen haber desempeñado el papel de ser la tierra del trabajo, la morada habitual del hombre tras de su condenación. Las islas, en cambio, aparecen como aquello que responde al ensueño que ha mantenido en pie un esfuerzo duro y prolongado".

Zambrano entenia l'illa com un regal, perquè la concebia com un lloc des d'on tenim l'oportunitat de tornar a començar. I no pas des de l'oblit, ben al contrari, sinó des d'un lloc que simbòlicament representa un món d'oportunitats, un lloc i un temps des d'on transformar la mirada i la societat, perquè tenim també informació suficient per revisar el passat i no repetir els errors (en la història) -"La veritat només s'aconsegueix aplegant una gran diversitat d'errors" deia V. Woolf- també llibres que ens ajuden a pensar, com la filosofia, i d'altres que ens animen a somiar -com, sinó, podríem transformar el món!-i que ens permeten desconnectar de la rutina per descansar la ment o per divertir-nos que és tan necessari i saludable per la nostra alegria i vitalitat!

Així, doncs, és o no una biblioteca una illa o una "promesa convertida en regal"! -com diu Zambrano.

M'agradaria animar-vos a vosaltres, estudiants, a descobrir aquesta illa. A explorar tots els prestatges, a compartir tresors, a gaudir de la soledat també i del silenci, a sentir-nos petits davant el coneixement per descobrir i a sentir-nos grans pel privilegi de poder gaudir-ne.

La biblioteca és un lloc on tots podem trobar la nostra illa pròpia i a la vegada construir col·lectivament alternatives per a un món més just.

lunes, 27 de noviembre de 2017

Noticias desde el exilio

"Escribir es un acto de fe y, como toda fe, de fidelidad. El escribir pide la fidelidad antes que cosa alguna. Ser fiel a aquello que pide ser sacado del silencio". María Zambrano.

Noticias desde el exilio 

martes, 23 de mayo de 2017

Consuélate conmigo

Fue una carrera extenuante. Llegó jadeando, gimiendo quejumbrosamente y con las mejillas alborotadas por el flujo de la sangre expandiéndose entre las extraviadas venas que cruzaban en rojo cada semáforo, atropellándose en la huida de la oficina hasta la parada del autobús.  Lanzó un último resuello, sin más testigo que un banco desierto protegido por una infiel marquesina publicitaria y un perro domesticado contra la ternura.

-¡Joder!                                       

Fue una exclamación muy precisa y de pura consternación ante el infortunio de perderse la cita planeada y lo mucho que prometía…

-¡Joder, joder! –repitió con rabia y sin aliento.

El chucho levantó una pata para dejar claro quién mandaba en el cuadrilátero, por mucho que ella resoplara o lanzara puñetazos verbales. 

Desenfundó el móvil y envió un mensaje. “He perdido el bus (emoticono lacrimógeno). No llego. Buen viaje. Demasiado trabajo. Prometo compensarte. Lo sientooooooo.”

Se dejó caer en el banco con agotamiento. La derrota no estaba hecha para ella, se dijo mientras observaba al perro husmear los restos del envoltorio de una golosina. El aviso de un mensaje le confirmó que lo bueno, si breve, es dos veces bueno: “Yo más”. Consultó el reloj y calculó que le quedaban casi cuarenta minutos antes de que llegara el siguiente bus.

Cruzó la calle y luego, a pocos metros, una conocida puerta que franqueó por primera vez en misión espía. Se dejó guiar por su instinto y llegó ante decenas de lomos de colores entre los que rebuscó, acordándose del galgo callejero olfateando las esquinas, sedienta por encontrar combustible con el que encender su pasión aquella noche, en solitario. Era fácil detectar el material inflamable, por el brillo fogoso de sus portadas.

Al final eligió un título que parecía competente: “Consuélate conmigo”. No hubiera comprado jamás un ejemplar de esa índole en su librería de confianza, pero en aquellos almacenes anónimos, después de una tarde de perros, la infracción sabía a pecado. Y esa noche necesitaba una buena lectura compensatoria. ¡Qué demonios!, correr por haber corrido...

Se apresuró por salir de allí para agarrar puntualmente el bus y llegar a su casa, donde aquella noche, las alas del libro se abrieron bajo su mano en un acuciante relato de caricias húmedas y postergadas. Y gimió, jadeó y la carrera fue extenuante. Pero llegó con creces.

Imatge: Martí Garrancho


 

viernes, 23 de septiembre de 2016

Un full en blanc


Li havien dit que la vella llegia les mans. No era res excepcional. Al llarg de la ruta es trobaven altres com ella que presumien d’albirar el futur, potser per l’alt grau d’incertesa que implicava la travessia. Tampoc la feia extraordinària el tel blanc que com una teranyina teixia la seva mirada i feia impossible esbrinar el color d’uns ulls ennuvolats de tempesta. El fet que fos cega no impedia que el tacte dels seus dits desxifrés el misteri dels camins i solcs que creuaven
  valls de solituds o múltiples cruïlles de possibilitats en el mapa personal que li mostraven els palmells d’unes mans.
El que la feia especial i fins i tot precedia la fama de les seves encertades lectures que tanta popularitat tenien entre els viatgers, era la manera com cobrava per aquell servei: a canvi de la pau dels clients. Per a alguns, malgrat cuidar-se prou de comprovar què demanava exactament, el preu imposat per la dona esdevenia massa car. Fins i tot estrany en les circumstàncies que vivien... Però l’angoixa consumia la il·lusió i les esperances que infonen coratge en les llargues hores de gana, de fred, de marxes esgotadores o d’esperes eternes. Per això els que hi anaven ja no tenien res més a perdre i després de l’experiència afirmaven que era just pagar el que la vella exigia, sense donar més detalls d’aquella compensació inusual.
En Hatem no les tenia totes quan li va tocar el torn d’entrar a la tenda marró de l’endevina. La nit passada havia plogut en el campament. Enmig del fang, l’aigua formava bassals que amb les primeres llums del dia es convertien en miralls per a la roba estesa en les cordes, els iglús de colors, les escombraries escampades i les ombres dels nens que com ràfegues saltaven per sobre de l’aigua, davant les mirades perdudes dels adults que bevien del broll dels seus crits juganers la certesa d’una infància que es feia més fugissera en aquell enclavament sense futur.
El va sorprendre que el rostre de la dona semblés tan jove. Emmarcat per un hijab gris lligat al coll, oferia un aspecte serè i tendre; els ulls tancats, la boca formant un dibuix que fregava el somriure i el nas aixecat com si olorés el nouvingut. Les arrugues a la pell eren imperceptibles, però era difícil confirmar si era per la seva absència o per la manca de llum. Es veia prima i petita asseguda a terra amb les cames plegades, una mica empal·lidida, com si estigués esgotada o a punt d’adormir-se.
—Puc tornar un altre dia —va dir en Hatem, després de saludar-la respectuosament.
—Potser no tenim més dies —va dir ella, sense obrir els ulls, i el va convidar a seure estenent el braç, sobre el tros de manta lliure que quedava al seu davant.
Primer es va fer un silenci insòlit, com si la tenda pogués tancar-se a la remor d’un nou dia de reclams, queixes, plors i rialles, sospirs, interrogants... com si estiguessin sols en una cova i les parets no fossin de tela sinó de roca. Després, la dona va estendre les mans per demanar-li les seves sense necessitat de dir res. En Hatem els hi va oferir i es va sentir tan nu com la primera vegada que es va despullar davant una dona.
El que li va dir la vella el va sorprendre i no s’ho va acabar de creure. Llegia l’arribada de nous obstacles, l’expulsió de la terra somiada, un retorn inesperat que desfeia part del camí recorregut, una nova frontera i un nou campament amb les mateixes o més escassetats... En definitiva, més del mateix, diferent, millor o pitjor, tot depenent del dia i també de l’actitud amb què en Hatem encarés els canvis del que la vella va anomenar “un temps mort”.
En Hatem la va mirar abatut i com si la dona veiés més enllà de les parpelles, va afegir:
-Hi haurà persones que encara no coneixes que t’acompanyaran i faran més fàcil algunes estones del camí. Elles recordaran als que et tractin amb violència que per sobre de la teva condició, també ets un home com ells, amb els mateixos drets. Parlaran per tu quan no es pugui escoltar la teva veu.
A en Hatem no el va tranquil·litzar gaire l’anunci d’aquella suposada ajuda esporàdica o de reconeixement.
-Gràcies. Ja en tinc prou, dona. Digueu-me com voleu que us pagui, si us plau.
-Descriu-me la pau.
En Hatem va quedar esbalaït. Havia pensat que la dona era una mena de bruixa que li prendria la pau amb alguna màgia o argúcia, imposant-li les mans o xuclant-li l’ànima. De fet ja li havia pres la poca serenitat que li quedava amb els seus presagis, però sabia que aquell era un risc implícit i per tant, no comptava.
-No us entenc, dona. Què em demaneu?
La vella va somriure com feia sempre davant la mateixa pregunta.
-Vull que em descriguis què és per a tu la pau. Fa massa anys que transito per la geografia violenta de les mans dels qui veniu des de la por o la misèria buscant respostes. Només vull que busquis en el fons del teu cor i la teva memòria com explicaries què és la pau. Potser té la forma d’un objecte, un home em va parlar d’un càntir d’aigua que omplien a l’estiu i deixaven a la porta de casa; o és un color, el blanc d’un núvol que una tarda vas veure després d’un feixuc dia de feina; per a alguns és un ocell lliure que ve cada matí a cantar a la vora de la finestra, una manta de llana que dóna escalfor les nits d’hivern, la mirada d’algú estimat, un got de llet, una cançó o una emoció que em descriuen a través d’un record... Una vegada una dona em va parlar d’un conte que la seva àvia li explicava de petita mentre amassaven el pa. Bé, crec que ja m’he explicat prou, oi? I ara, dóna’m la teva pau.
Sense poder oblidar alguns dels exemples que li havia posat la dona, en Hatem va intentar buscar instants de pau i serenitat en el passat. Feia tant de temps que vivia les conseqüències de la guerra que li costava recordar si alguna vegada havia conegut la pau. El temps s’havia tornat com les sabates velles i de segona mà que arrossegava després de perdre les pròpies. Ja gairebé tot era prestat i res material li recordava, de portes enfora, qui era.
Va haver de remuntar-se uns quants anys enrere, quan la seva família vivia en pau i tenia una llar, quan als seus fills no els faltava mai menjar a taula i la seva dona Aicha cantava i recitava. Va recordar que tenia una feina que el feia feliç; els llibres, les lliçons, les lectures en veu alta... i els nens aixecant la mà a classe amb orgull i seguretat quan ell formulava una pregunta.
—La meva pau és una pàgina en blanc.  
—Explica’t —el va instar la vella.
Breument va relatar a la dona el seu origen i qui havia estat abans d’haver de fugir amb la seva família.
—Quan obria un quadern nou per endur-me’l a l’escola, la primera pàgina en blanc era per mi una promesa. Tenia per costum omplir-la amb un poema. Els escrivia l’Aicha. Jo li deixava obert sobre el llit i esperava amb emoció el dia que ella me’l retornava com un regal. Era una font d’inspiració. Rellegir els seus versos sempre em donava pau. No vam poder salvar un sol quadern.
La dona va assentir amb el cap. En Hatem va entreveure un gest de solidària nostàlgia.
—La teva pau és dolça i punyent. Podries recitar-me un dels seus poemes...?
L’home va mirar-se els peus descalços. Les sabates estaven a l’entrada. El temps era seu i els records l’havien tornat un pessic essencial de la identitat perduda en aquells cinc anys. No va ser difícil trobar les paraules amoroses de l’Aicha. La seva estimada Aicha que ja no escrivia poemes, perquè deia que només li naixien mots enverinats de ràbia i tristesa.
Amb els dits, pentines els meus records quan acaricio la teva abraçada, dibuixen paral·lels solcs de cabells, equidistants i fidels al teu amor...
Quan el va acabar de recitar, la vella va buscar-li novament les mans. En Hamet va sentir que les premia amb tendresa i li encomanava una energia tèbia i agradable.
—No oblidis com és la teva pau. Recorda la pàgina en blanc. Et farà falta. I recorda-li també a l’Aicha. A tots ens caldrà començar de nou. Jo ja estic molt vella i es necessiten més persones protectores per vetllar per la poderosa força de la pau, entens? Això no t’impedirà reclamar justícia. Però els que us volen fora de la seva terra estan cecs de veritat. No entenen com és de perillós el que estan fent i han oblidat el compromís humanitari amb els altres. Si nosaltres també l’oblidem, el món acabarà a les fosques.
En Hamet va sortir de la tenda atordit i alleugerit alhora. A fora tot continuava igual. Els núvols anunciaven novament pluja i ara sabia que les notícies que estaven començant a arribar al campament es confirmarien. L’ordre d’expulsió era imminent. No podia fer res de moment. Però esperava que la predicció de la vella es complís i les persones que podien parlar per ell es fessin escoltar d’alguna manera.
Ara per ara no volia oblidar qui havia estat. És més, era vital recordar qui era encara, per sobre de les etiquetes que li posés ningú. Ell era un home de pau. El primer que faria en arribar a la tenda seria convidar a l’Aicha i als nens a fer una descripció...